Cuando atrapado del fatal destino
al cual somete al hombre el dios alado
maldiciendo mil veces a aquel hado
que ocultó a su visión el buen camino.
Perdida ya la fe, y aún la esperanza
de volver a una vida placentera
sintiéndose indefenso ante la fiera
mas cruel que a imaginar la mente alcanza.
Transido de dolor y de impotencia
lloraba su desgracia al mundo entero
cuando ve que se anula su sentencia
por la misiva que le da el cartero:
¡Con ellos, no. Divina Providencia!
Su suegra estará el mes en un crucero