Su piel, cálida, suave, sonrosada
y su breve cintura, cimbreante
¡Dichoso aquel que sienta en cada instante
de sus dos esmeraldas la mirada!
Es su cuerpo de Fidias escultura,
Su alma de virtudes es modelo.
Sobre ella volcó su ciencia el cielo
y halló la perfección en su figura.
Movido por Cupido, una mañana,
osé llamarla al timbre desde abajo
y ella mostró su faz por la ventana.
Hoy te he de confesar, no sin trabajo,
que aquel fogoso amor, dulce sultana,
se fue, al verte con rulos, al carajo.